La gran duda que hoy inquieta a ganaderos y productores es si el virus de la lengua azul se quedó en un grupo aislado de animales o si ya se está moviendo por otros hatos de la República Dominicana. Así lo plantea el médico veterinario Radhamés Silverio Céspedes, profesor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), quien pidió a las autoridades aclarar cuanto antes el alcance del caso.
De acuerdo con el especialista, todo apunta a un lote de 81 búfalos de agua traídos desde Centroamérica en julio. Las pruebas hechas en territorio dominicano habrían arrojado positivo a mediados de agosto, y a finales de ese mismo mes laboratorios en Estados Unidos habrían confirmado el resultado.
Un detalle que enciende las alarmas
Silverio recordó que no sería la primera vez que la enfermedad aparece en el país: en 2022 se habría detectado un episodio en ovejas que estaban en cuarentena. La diferencia, según explicó, es que esta vez la información disponible indica que los animales fueron identificados después de haber sido trasladados a una finca, y no mientras permanecían aislados.
Por esa razón, considera clave revisar si durante la importación, la cuarentena, el diagnóstico y la liberación de los búfalos se cumplieron todos los protocolos sanitarios, y si las instalaciones del país tienen realmente la capacidad para manejar operaciones de este tipo.
¿Qué es la lengua azul y a quién afecta?
También llamada fiebre catarral ovina, es una enfermedad viral que ataca sobre todo a vacas, ovejas, chivos y otros rumiantes. No representa peligro para las personas, pero sí es un asunto serio para la sanidad animal. El principal transmisor es un pequeño insecto del género Culicoides.
Según reporta Esmarlin Fernández en N Digital, el veterinario advirtió que, más allá del daño que pueda causar en los animales, el problema podría golpear el estatus zoosanitario del país y complicar el traslado y la venta de ganado, material genético y algunos productos y derivados de origen animal.
La preocupación es mayor porque el sector pecuario todavía no se recupera del impacto de la Peste Porcina Africana, que dejó cuantiosas pérdidas en la producción de cerdos.
Lo que le pide a Agricultura y a Ganadería
Silverio exhortó al Ministerio de Agricultura y a la Dirección General de Ganadería a informar públicamente qué pruebas se realizaron, cuál es el serotipo del virus encontrado y en qué condiciones se manejaron y movilizaron los búfalos investigados.
Entre las medidas que propone están:
Inmovilizar los hatos bajo investigación y rastrear por dónde se han movido los animales; ampliar el muestreo en bovinos, ovinos, caprinos y búfalos, con pruebas virológicas y serológicas; y reforzar la vigilancia del insecto transmisor tanto en las fincas afectadas como en las consideradas de riesgo.
En cuanto a una posible vacunación, el experto entiende que esa decisión debe tomarse solo después de conocer el serotipo involucrado y qué tan extendida está la circulación del virus.
Para Silverio, este episodio deja claro que el país necesita invertir más en bioseguridad, cuarentena y vigilancia epidemiológica, con más personal, tecnología y presupuesto, antes de que un brote de este tipo se salga de control.















